PASOS SENCILLOS

PARA ELIMINAR  EL

COMPLEJO

DE CULPA



La culpabilidad pesa más que un grillete

que nos impide movernos libremente. Y aunque no seamos consciente de ello (o no lo

aceptemos), ¡todos padecemos  ––en mayor o

menor grado–– de algún tipo de complejo de culpa. ¿Por qué...? ¿Qué se puede hacer para canalizar este sentimiento tan negativo

que a veces llega a paralizarnos...?


La inmensa mayoría de los seres humanos sufrimos del clásico  complejo de culpa, aunque en muchas ocasiones no seamos conscientes de ello. Las posibilidades de factores que causan culpabilidad son virtualmente infinitas y, en efecto, frecuentemente reflejan tonterías.

   
En realidad no sabemos de dónde proviene esta tendencia compulsiva a “sentirnos culpables” injustificadamente. Tal vez todo el proceso se basa en una inseguridad básica que nos hace sentirnos inferiores, y que nos responsabiliza por todo lo inferior (o malo) que pueda suceder a nuestro alrededor. Provenga de donde provenga el concepto de la culpabilidad, el caso es que la culpa, y nuestra actitud hacia ella, comienzan a fomentarse desde que somos niños. Luego, a medida que vamos creciendo, generamos culpas adicionales cuando inevitablemente parte de nuestra demanda de afecto queda insatisfecha:


  1. Bullet Como niños, requerimos la mayor cantidad posible de afecto, pero como mamá no puede estarnos atendiendo y mimando en todo momento,  empezamos a preguntarnos si no “estaremos haciendo algo malo” (el sentimiento de culpabilidad hace que nos preocupemos).

  2. Bullet Al crecer nuestra codicia (“quiero seis helados de diferentes sabores y colores”, “quiero todos los juguetes de la tienda”) también aumenta nuestra necesidad de recibir la aprobación de las personas a nuestro alrededor.


Es decir, deseamos desesperadamente que mamá y papá nos amen, que se concentren en lo bueno que tenemos, que no reparen en nuestras majaderías, en nuestra avaricia... y mucho menos que ni sospechen los monstruosos pensamientos que pasan por nuestra mente en determinados momentos  (“ojalá que mi hermanita se caiga y se lastime una pierna, para yo poder entonces usar su bicicleta”, “si papá no existiera, yo tendría a mamá para mí solo”) aunque ––por supuesto–– no deseemos en realidad lo que se nos ocurre.

    Tanto los hombres como las mujeres estamos muy juntos, y muy unidos, en este marasmo de autopenitencia; por ello es importante que aprendamos a definir y comprender los factores que puedan estar provocando complejos de culpabilidad en nosotros, y canalizarlos en una forma positiva, sin que la culpabilidad afecte nuestras actitudes y nuestro modo de funcionar en la vida.



¡DESCUBRA CUALES SON LOS

ELEMENTOS QUE PROVOCAN

SUS CULPAS ESPECIFICAS!


Al definir sus puntos débiles, usted puede aprender a protegerse y evitar situaciones problemáticas. Siga estas recomendaciones:


  1. Bullet Elimine de su vida las situaciones que le provoquen cualquier tipo de conflicto. En el caso de la mujer que no cree me-recerse la ayuda de una sirvienta, debería prescindir de esta, realizar las labores ligeras (de todos modos, ya efectúa la mayor parte de ellas), y contratar a una desconocida que se encargue de las tareas pesadas, que la ayude de vez en cuando.

  2. Bullet Considere si algunas de las personas más allegadas a usted están reforzando sus sentimientos de culpabilidad. Las amistades íntimas, los familiares cercanos (como los cónyuges y las madres) conocen cuáles son sus puntos débiles y pudieran es-tarlos activando (casi siempre de una manera inconsciente) con el fin de controlar su vida. ¡No se deje oprimir de esta manera!

  3. Bullet Por otra parte, considere que la culpabilidad pudiera no proceder de una persona o de punto débil específico. A veces surge del hecho de que abarcamos más de lo que podemos sostener, asegurándonos así una derrota que genera sentimientos de culpabilidad en nosotros. Prometerle al jefe hacer en tres días el trabajo de tres semanas, o invitar a cenar a diez cuando solamente hay seis puestos en la mesa, es como garantizar que vamos a fracasar en nuestro esfuerzo... ¡y, por lo tanto, nos vamos a sentir culpables! Trate de no prometer más de lo que puede cumplir.

  4. Bullet No considere que todo lo que pasa a su alrededor es culpa suya. Si el jefe le grita a una compañera en el trabajo, usted puede identificarse con ella, y hasta ofrecerle su apoyo. Pero, ¿caer en una crisis de depresión? No. Al reaccionar en una forma excesiva a los tropiezos de los demás, lo que la persona con comlejo de culpa en realidad está diciendo es “miren qué importante soy yo; miren cómo todo depende de mí”.

  5. Bullet Considere que un poquito de culpabilidad puede ser bene-ficiosa. Aun si usted emplea con éxito todas las maniobras mencionadas, puede quedarle todavía un poco de culpabilidad que es posible canalizar constructivamente (el viejo concepto de convertir lo malo en bueno, siempre que sea posible). La madre adoptiva que está acongojada por todos los huérfanos del mundo podría sentirse satisfecha trabajando como voluntaria en un asilo de niños. La superempleada que se marcha de la oficina después de la hora de salida, aun cuando no haya nada especial que hacer, pudiera resultar más productiva y más interesante para la em-presa, si con su energía sobrante toma algún curso nocturno que amplíe sus aptitudes. Si se canaliza adecuadamente, la energía generada por la culpa puede ser beneficiosa.

  

Finalmente, considere que no siempre es posible erradicar el complejo de culpa que nos afecta. Lo importante es que dejemos de actuar movidos por un sentimiento de culpabilidad innecesario, y hacer lo que realmente consideremos que debemos hacer, sin presiones de ningún tipo. Asombrosamente, terminará usted agradando a más personas que nunca... ¡y una de ellas resulta ser usted mismo!



UNA RECOMENDACION FINAL:

A VECES ES PRECISO

LUCHAR PARA CANALIZAR NUESTRO

COMPLEJO DE CULPA...


En algunas ocasiones no basta un simple NO para evadir una situacion que le puede provocar un sentimiento de culpa, y tendrá usted que encontrar el vigor suficiente para luchar contra aquellas personas  que ––de una forma u otra–– lo está explotando. A las mujeres plagadas de culpabilidad, por ejemplo, les es terriblemente difícil tomar la ofensiva, y cuando se deciden a discutir, lo primero que dicen es: “Puede que yo esté equivocada, pero...”.

    Hay soluciones, desde luego... Al igual que usted aprende a negarse ante las demandas no razonables de amigos, compañeros de trabajo, familiares y jefes, puede aprender a librar una batalla en favor de una causa más que justificada: ¡la suya propia! Entonces descubrirá que las personas aprenden a respetarlo por saber defender sus derechos. Una vez que haya llegado a esta conclusión, le será cada vez más fácil defenderse y librarse gradual-mente de sus complejos de culpa.

    El ejemplo de María J. es muy explicativo. Se trata de una talentosa redactora que trabaja en una agencia de publicidad. Al emplear su energía en acceder a todo lo que le piden, y echarse encima los trabajos más pesados de los demás, no le quedaba tiempo para demostrar lo que era capaz de hacer por sí misma. Una mañana perdió la paciencia; se había pasado la noche en su casa terminando un informe que no había tenido tiempo de hacer en la oficina, y cuando el jefe le pidió que le trajera café, ella no le prestó atención. Creyendo que la iban a despedir por su actitud de rebeldía (María era de las que pensaban que si alguien se enojaba con ella, aquello era el final) resolvió efectuar una salida digna. Tenía pendiente redactar una nota de prensa, así que se soltó, y libre ya de todos los temores, hizo un trabajo que se apartaba de lo común., que tenía verdadera fibra y calidad. El jefe, lejos de rechazarlo, lo encontró magnífico... y diez minutos más tarde entró en la oficina de ella, trayéndole una taza de café.

  

 

¡LAS MUJERES

SON MAS

PROPENSAS

A SUFRIR DEL

COMPLEJO

DE CULPA!


El sexo femenino posee una cuota adicional de complejo de culpa que se relaciona con la posición de inferioridad a la que ha sido tradicionalmente sometido. Para muchos, “las mujeres son culpables de nacimiento solamente por el hecho de haber nacido mujeres”... y si pensamos que se trata de un concepto obsoleto, erradicado de nuestro pensamiento actual, consideremos que está muy vigente en países como la India y la China, donde muchas niñas son eliminadas al nacer ya que no se les considera “productivas”.

    En otros siglos, igualmente se aislaba a las mujeres durante la menstruación, se las ajusticiaba a pedradas si perdían la virginidad antes del matrimonio, y hasta llegó a acusárseles de brujas si, al mirarlas, un sacerdote se excitaba sexualmente (lo que era considerado como una prueba de su culpabilidad para condenarlas por hechicería y enviarlas directamente a la hoguera). Más tarde se les negó la igualdad de salario, de propiedad, de derechos de herencia. Solamente en las últimas generaciones es que se comenzó ––en las sociedades más avanzadas–– a poner en duda la supuesta inferioridad de la mujer y su presunta malevolencia sexual.

     Por fin se ha llegado a admitir que, si bien los hombres y las mujeres son diferentes, ninguno de los dos sexos es superior al otro y, por lo tanto ambos sexos son iguales en derechos y en valer. Pero es evidente que todas estas viejas supersticiones han dejado cicatrices my profundas que no pueden ser eliminadas fácilmente. Así, muchas mujeres continúan creyendo ––al menos en un nivel subconsciente–– en su “inherente maldad”. Y así vemos a jóvenes que se entregan a culaquier hombre porque tienen un nivel muy bajo de autoestima, o porque consideran que es culpa de ellas el que ellos se exciten. Y, por supuesto, es importante mencionar el caso de aquéllas a quienes remuerde tanto la conciencia cuando disfrutan del sexo con el hombre que aman, que prefieren evitar el contacto íntimo para liberarse de esta manera de su terrible complejo de culpabilidad.

   Por último, el haber sido consideradas individuos de segunda clase por mucho tiempo ha desarrollado en muchas mujeres profundos complejos de culpabilidad. Ya no son frecuentes  los casos de mujeres que se enclaustran en la casa (“para ser esposas, madres o buenas hijas las que deciden quedarse solteras para cuidar de los padres”), pero todavía algunas mujeres no han definido cuáles son los límites a los que deben llegar al competir directamente con el hombre, sin sentirse culpables. Así, se hacen preguntas como éstas:


  1. Bullet¿Prefieren los hombres a las mujeres con estudios universidtarios o a aquéllas que tienen un sueldo envidiable?

  2. Bullet¿Debe continuar trabajando en la calle una mujer cuando tiene hijos?

  3. Bullet¿Es posible cumplir competentemente con un empleo y con las labores domésticas al mismo tiempo? Si no es así, ¿a quién o a qué debemos dar preferencia?


¿A quién deben complacer en la vida? Por supuesto que nunca a ellas mismas; ¡esto es lo que se les ha repetido desde tiempos inmemoriales! Y por ello es que la mujer que tiene éxito en un trabajo independiente, muy a menudo se siente también reponsable de todo lo que ocurre en el hogar: desde tender las camas hasta regar las plantas, aun cuando haya tenido un día de mucho trabajo. Pero dejemos de lado los posibles orígenes de toda esta culpabilidad y concentrémonos en lo que podemos hacer para resolver el problema. El terrible COMPLEJO DE CULPABILIDAD que afecta a infinidad de mujeres puede ser superado... con decisión y un poco de esfuerzo para no someterse a la voluntad de los demás.

 

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